La pieza L’esprit de l’escalier es una serie de palabras impresas en piedras del Mediterráneo (Palma de Mallorca) y del Atlántico (Vigo y Oporto), guardadas en bolsillos de tela japonesa.

L’esprit de l’escalier o la revancha de los días enteros bajando escaleras.

Paul Valèry asoció la totalidad de la literatura a una vasta venganza de l’esprit de l’escalier. Si la escritura se vale de una realidad que creamos para asombrarnos, los escritores se dibujan como vehículos de ese talento retardado para la réplica. De ahí que escribamos para completar al animal vivo que deseamos de compañía. Para dejar la baba del caracol como rastro. Escribir como ajuste de cuentas con la realidad. Para mitigar la revancha que se cuece en nosotros. Escribir para que las palabras nos obedezcan y se vuelvan piedras flotantes en los bolsillos. Piedras para ir arrojándolas al río, o para ir dejando caer por el camino como migas de pan. Piedras que vivan por el lado de abajo.

Los poetas y sus piedras

Mariano Peyrou
viene y es la yema de los dedos
pasadizo balcón que lleva al día

temperatura vaina
miseria de la mano ante lo todo

Hovik Keuchkerian
mi lengua se hará piedras y te lapidaré.

¿Qué es un paladar sin techo,
sin cielo propio,
sin eco?

Carlos Eugenio López
Que el camino, y no tú, me lleve a la casa donde habitas.

Al alba la vida palidece.

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L'esprit de l'escalier II

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