Cuando un subrayado se encuentra con otro subrayado, algo sucede, una coincidencia de vasos comunicantes. La superposición de dos lecturas de «Carmina», de Andrés García Cerdán, componen esta pieza.

La pieza parte de dos libros leídos y subrayados en tiempos y ejemplares diferentes por dos lectores: dos lecturas de un mismo título.
Tengo dos libros. Uno corresponde al lector uno (Rubio De Marzo). Y otro al lector dos (Constantino Molina). Los dos libros están subrayados a lápiz. Junto ambas lecturas como si tendiera una partitura sobre una mesa. Compro un tercer libro igual: un ejemplar no leído, nuevo, virgen de todo rastro lector.
Bordo con aguja e hilo los subrayados del lector uno en gris niebla, y los subrayados del lector dos en rojo sangre. Es intencional. Son los colores de un desgarro en la sombra, de una lectura que confluye y palidece.
Abro el tercer libro subrayado con hilo.
Veo una ciudad de niebla espesa donde las personas al andar nunca tienen sombra. Veo la tristeza fantasmagórica de vivir en lo gris. Veo pentagramas de concordancia, veo puntos y suturas, veo acordes, veo estrías lingüísticas, veo estrías en el deseo, veo cicatrices, heridas de a dos y de a tres, veo un calendario de recluso, tendedero común, marcas de corte. Veo dos personas sacándose pétalos bidireccionalmente. Veo luces irradiadas de heridas, veo heridas que emanan su propia luz. Veo el espejo gris y lo siento en el cerebro. Veo la demora. Veo un charco. Veo un albaricoque existiendo. Veo brotar. Veo este poema definitivo. Y me veo enmudecer ante tal convergencia.

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Lecturas cruzadas García Cerdán

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